Aquí van dos experimentos sociológicos que demuestran lo simple y estúpido que puede llegar a ser humano, por no decir algo más brusco. No puedo meterme con los estadounidenses viviendo en un país en el que Gran Hermano va por su decimotercera edición y para colmo es líder de audiencia.
Un estadounidense aspirante a actor reúne a un grupo de amigos y dado que todos ellos disponen de mucho tiempo libre, deciden ir a pasar la tarde a un centro comercial en Virginia.
Este grupo de amigos, sabios conocedores de la estupidez humana y con sobradas ganas de pasárselo bien, entran en el centro comercial dispuestos a dar de qué hablar.
El futuro actor bajo el nombre falso de Thomas Elliot se hace pasar por un famoso y sus amigos, para crear ruido, se amontonan a alrededor pidiendo fotos y autógrafos.
El resultado: un medio ligue y un vídeo en you tuve con más de medio millón de visitas que aquí os dejo.
Y ahora otro caso totalmente opuesto. El pasado mes de enero, el famoso violinista Joshua Bell, con un prestigioso Stradivarius de 1713, valorado en 3,5 millones de dólares, comenzó a tocar en el metro de Washington lo que los amantes de la música clásica valorarían como verdaderas exquisiteces.
Tras casi una hora de repertorio, su gorra recaudó cerca de 40 dólares, cifra que se aleja mucho de los 100 dólares por persona que cuesta asistir a un recital de este famoso músico.