No me he olvidado de escribir ni he dejado de prestar atención a mi pequeño espacio 2.0. Un viaje de 15 días a una ciudad que me no deja de sorprenderme cada vez que la visito me ha tenido entretenida durante todo este tiempo. La sociedad londinense no deja de maravillarme. Poder pasear por una de las ciudades más cosmopolitas de Europa y posiblemente, del mundo, es un lujo, hoy en día, al alcance de todos.
Perderse entre sus calles atestadas de diversidad cultural, empaparse de su encanto, de su ambiente siempre festivo. Sentarse en los escalones de Piccadilly y observar a todo el que pasa es una de las sensaciones más enriquecedoras que he tenido en mi vida.
Poder saborear la comida de cualquier parte del mundo. Conseguir entenderte con una persona nacida en la otra punta del mundo mediante el uso de la misma lengua, te deja un gustito muy dulce.
Volveré, espero que dentro de poco, a perderme por los mercadillos de Candem, a dejarme llevar por las aguas del Tamesis, a disfrutar de los artistas callejeros de Covent Garden.
Volveré, claro que volveré. No sé cuando, pero lo haré.
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